Blogs Blogs

Ser o mutar; ésa es la cuestión.

La táctica de Podemos era algo que los militantes (al menos los no implicados en la organización o en los círculos, que somos la mayoría) no nos planteábamos, porque era algo que la dirección que nos habíamos dado en la Asamblea Sí Se Puede iba trazando sobre la marcha, siempre con el punto de mira en las generales de 2015 (20D) y con los mimbres que aportaba la estrategia que ese mismo equipo había trazado desde la formulación de la Hipótesis Podemos y que tampoco fue nunca objeto de discusión abierta.

Esa táctica que a veces duraba pocos meses y otras apenas sobrevivía días, en movimiento, constantemente metaforfoseando, buscando cada grieta del régimen del 78, señalando cada síntoma de casta, proyectando cada verdad conocida por la gente decente y elevándolola a la categoría de noticia, al servicio de una estrategia clara que no era otra que reconocer que la izquierda (las izquierdas) habían perdido la batalla contra el neoliberalismo, hegemónico desde los años 70-80 y que la guerra había que librarla desde un punto de vista cultural y político con las herramientas que el 15M había puesto encima de la mesa: transversalidad, agregación de demandas aparentemente inconexas, la gente decente como aglutinador y el 1% (la casta) como adversario aprovechando lo que Pablo e Íñigo han denominado a menudo como momento populista.

Hasta el 20D estrategia y táctica han sido compartidas por la gran mayoría de dirigentes y militantes casi sin debate y con prácticamente nula oposición, pero desde entonces han cambiado muchas cosas:

- El 20D dió la medida de hasta dónde, realmente, Podemos. Hasta las elecciones todo era ilusión, ganas y desconocimiento de la aceptación real que nuestras tesis y propuestas tenían entre la ciudadanía, pero el 20D puso cifras a la penetración en la sociedad de la necesidad de cambio, así como a la resistencia del sistema del 78 en decadencia. Y las cifras, aunque suficientes para confirmar esa decadencia, no lo fueron para precipitar un cambio real. Tanto es así que, aunque le ha costado 10 meses asumirlo y lo haya hecho en diferido y en forma de simulación, el PSOE ha terminado por aceptar definitivamente esa Gran Coalicion que ya se promovía por parte de las fuerzas vivas del régimen del 78 desde mucho antes para mantener vivo el sistema.

- Hasta el 20D los medios nos daban leña, pero con una cierta complicidad, como a ese niño trasto que molesta pero que en el fondo te hace gracia y te divierte, así que le regañas pero le dejas hacer. A partir del 20D el sistema es consciente de que Podemos no es sólo una anomalía temporal sino que ha venido para quedarse. Ya no se nos mira con simpatía, sino con seriedad, y cada pequeña contradicción (inevitable que las haya, por otro lado) se nos hace y se nos va a hacer pagarla cara, mientras a quienes se alinean con el régimen se les trata con guante de seda.

- Hasta el 20D (en realidad un poco antes) los problemas internos que se iban reproduciendo en muchos territorios quedaban ocultos a la mayoría de la militancia y a la práctica totalidad de la ciudadanía en general. Los problemas se notificaban a la comisión de garantías, se esperaba a su resolución y no se aireaban para no dañar el proyecto que tanto ilusionaba. Con el tiempo la resolución no llegaba, los problemas se apilaban unos sobre otros y pronto surgieron cismas que ya no eran problemas individuales sino problemas de relación serios entre corrientes, grupos e incluso entre los órganos de nivel local, autonómico y estatal. Lo que los niveles inferiores consideraron ingerencias por parte de los superiores, los superiores lo consideraban desobediencias y/o deslealtades por parte de los inferiores... Todo ello en buena parte de los casos bañado en el infantilismo de confundir la acción política con lo personal y probablemente la inexperiencia de convivir gentes provenientes de anteriores militancias diversas, con sus conocimientos y sus "vicios" heredados, con gentes que llegaron "virgenes" a Podemos y adolecían de falta de rodamiento en el debate político y veían o creían ver a la vieja política en sus compañeros más "veteranos". Todo eso explota con la visibilización de los diferentes grupos y corrientes en muchos territorios, las dimisiones de cargos internos y la invalidación o el decaimiento de órganos completos en varias comunidades autónomas. Se había superado la inocencia de la niñez y la rebelde adolescencia y en apenas dos años se había llegado a la fase adulta, con el precio de la péŕdida de una buena parte de la ilusión con la que crecimos. y asumiendo con cierto temor que papá Pablo y mamá Íñigo se querían pero a veces discutían en la cocina.

Durante los 10 meses siguientes hemos ocupado el tiempo, segundas elecciones aparte, en convencer a IU (y autoconvencernos) de que, Unidos, Podemos; a terminar de convencernos nosotros y convencer al país de que el PsoE servía al sistema que ayudó a crear y no estaba al servicio de la gente; a reforzar la organización de los grupos, familias, tendencias, etc. dentro de Podemos, mientras descuidábamos la organización oficial; y a esperar a que la Gran Coalición en diferido encontrase la forma de salir del armario.

Y así llegamos a donde estamos. Como líderes de la oposición, no ya a un partido, sino a una coalición de facto de 3 partidos que representan a un sistema en decadencia pero con aún 3 veces la fuerza que tenemos las fuerzas que pretendemos impugnarlo. Y en un contexto internacional también en decadencia e inestable, pero con signos de inclinarse en la mayoría de países hacia posiciones contrarias a las que nosotros defendemos.

Pero hablábamos de táctica y estrategia y, en el punto en el que estamos, ¿qué sucede con nuestra estrategia y las tácticas que adoptamos?

Para decirlo simple y llanamente, lo que pasa es que no tenemos una única estrategia que todos sigamos, sino que al menos tenemos 2, y que vemos tácticas diferentes (a veces chocando entre sí) ejecutadas por diferentes personas y grupos, siguiendo las diferentes estrategias. Con la confusión que esto genera en la militancia y la satisfacción que al mismo tiempo genera en el adversario.

Seguimos teniendo un objetivo común, compartido por todos, que es el de lograr ser una mayoría que nos permita evolucionar un sistema que ha dejado de funcionar como garante de los derechos de todos y fundamentalmente de la igualdad de oportunidades, por un lado y que por otro nunca tuvo una respuesta a las tensiones plurinacionales. Evolucionar a una versión actualizada del sistema que ponga el acento en la gente y su protección, al tiempo que permita vías de solución democrática a la reclamación de algunos territorios de libertad para decidir su futuro.

Hasta aquí todo bien.

En cuanto a la estrategia para lograr éste objetivo común, parece que ya no estamos tan de acuerdo, y a ver si soy capaz de describir las variantes tal como las veo y de la forma más neutral posible.

Tenemos por un lado a lo que parece una mayoría entre la intelectualidad visible del partido y algunos dirigentes (Errejon, Cano, Lago, Moruno, Maura...) y otros pensadores afines al partido, que siguen apostando por la estrategia inicial de apertura, de no dar por fijadas las posturas y de "amoldarse" a la gente que se va incorporando, entendiendo que (aparte de quienes normalmente no votan) no es posible una mayoría sin integrar a quienes aún siguen votando a los partidos del régimen, parte de sus demandas y de su forma de ver la vida y la política. Esto tiene la evidente dificultad de asumir demandas nuevas que quizá no gusten a muchos de los que ya están y que ven diluido el discurso y el programa a medida que la base social y las posibilidades de ganar aumentan.

Y por otro lado tenemos a un buen número de intelectuales y dirigentes del partido (Iglesias, Monedero, Montero, Urban, González...) y es de suponer que la mayoría de los que militan en IU, que apuestan por fijar, de alguna manera cerrar, el discurso y la línea programática, no está muy claro si en la posición actual o en posiciones más cercanas a lo que tradicionalmente se ha considerado un discurso de izquierda, a la línea de IU pero sin renunciar a lo que significa el 15M. Confiando en la posibilidad de conformar esa mayoría necesaria para el cambio sin ceder posiciones discursivas y programáticas. La dificultad aquí está obviamente en convencer a quienes aún no comparten tu ideario y votan a otros (o principalmente a los que no votan) de que lo asuman por completo.

Ninguna de estas estrategias es la panacea y al mismo tiempo ninguna de ellas es manifiestamente errónea ni mucho menos malintencionada  ni supone una traición a Podemos y lo que significa para España como esperanza de un futuro más justo (como a veces parece que algunos insinúan). Solo son dos caminos diferentes para llegar al mismo sitio. Dos hipótesis, dos apuestas, que a priori nadie puede asegurar que funcionen para lograr ese objetivo que persiguen, que todos perseguimos.

Además, y aquí viene la mala noticia, lamentablemente esas dos estrategias no son compatibles entre sí. Durante unos meses podremos (como ya viene sucediendo) hacer equilibrios para intentar guiarnos por ambas y que no rechinen mucho las contradicciones; podemos no protestar demasiado en alto cuando las acciones o las palabras de unos vayan en contra del trabajo o el discurso de otros, y podemos suavizar ante los medios la postura de cada cual y poner el acento en el objetivo al tiempo que esquivamos los métodos usados, para que parezca que no es tan diferente tu postura a la del compañero, pero más pronto que tarde, tendremos que decidir.

Pablo lo ha dicho en innumerables ocasiones, y tiene razón: política es decidir. Y eso es lo que más pronto que tarde tendremos que hacer. Ya se está émpezando, de hecho, como ha indicado Monedero en una de las úĺtimas entradas de su blog. En algunos territorios como Madrid esta disyuntiva ha sido el eje central de discusión en el proceso de elaboración y elección de documentos y de las diferencias entre candidaturas al consejo ciudadano, cuyo proceso de elección termina justamente mientras se escribe este texto.

Se impone la celebración de una segunda Asamblea Ciudadana Estatal que resuelva este dilema, después de la necesaria labor pedagógica explicando a la militancia los pros y los contras de cada una de las opciones. Yo tengo mi posición inicial bastante clara, pero estoy abierto a escuchar las razones de todos.

Y en todo caso, se decida lo que se decida tengo claro que Podemos es necesario para dar respuesta a esa gran mayoría a la que no se escucha y ahí seguiré aportando mi granito de arena.

SER o MUTAR; ÉSA ES LA CUESTIÓN.