MODELOS TERRITORIAL E INSTITUCIONAL

Programa de Elkarrekin Podemos (descargar)

Estracto del documento GUZTIOK BAT: VIVIR, CONVIVIR Y DECIDIR, anexo al Programa. Descarga el programa para consultar el texto completo.

 

UN NUEVO PACTO SOCIAL.

Las sociedades democráticas modernas basan su funcionamiento colectivo en una serie de acuerdos fundamentales que regulan los términos básicos de la convivencia. En términos políticos muchos de estos acuerdos acaban materializándose en textos legales como pueden ser las constituciones, pero también hay opciones alternativas que pueden ser otro tipo de normas o incluso algunas que ni tan siquiera pasan por convertirse en textos legales.

En nuestro caso, en 1979, en el marco de la constitución aprobada un año antes, llegamos a un acuerdo que se materializó, entre otros, en el Estatuto de Gernika. Un acuerdo que ha posibilitado desarrollar un notable nivel de autogobierno y que supuso también un pacto –no en total libertad, dado el contexto histórico– entre diferentes sensibilidades políticas –no entre todas, dado que alguna se autoexcluyó– que a su vez eran representativas de algunas de las principales identidades nacionales en aquel momento. Este pacto era más que un simple estatuto de autonomía y fue el máximo exponente de una época dominada por pactos de gobierno y de pacificación (Ajuria-Enea) protagonizados por las principales fuerzas que gestaron el acuerdo en torno a aquel Estatuto.

No obstante, y reconociendo todo lo positivo que ha traído ese acuerdo, no es posible soslayar que el desarrollo posterior del mismo ha dejado todo un reguero de incumplimientos, interpretaciones y reinterpretaciones protagonizados por todas las fuerzas que lo sustentaban, desnaturalizando en muchos casos el mismo espíritu del acuerdo. Es imposible no volver la mirada, por un lado, a la LOAPA o a leyes de bases abusivas, pero también, por el otro, a un estatuto dado por muerto de forma prematura, a excesos competenciales. Y, por ambos, al aceptar mutuamente su uso como moneda de cambio para alcanzar acuerdos en otros ámbitos. Tampoco es posible no citar el impacto que la violencia de motivación política tuvo en este acuerdo. Así y excusado en todo esto, en la actualidad, y 37 años después de la aprobación de un acuerdo que tomó rango de norma fundamental, su desarrollo sigue estando incompleto.

Estos pactos sociales nacen con voluntad para perdurar pero también con una vida útil limitada. Su pervivencia depende de multitud de factores pero el principal debería ser la voluntad manifestada por la ciudadanía de renovarlo o dotarse de uno nuevo. Esta característica lejos de ser algo excepcional o dramático, debe ser vivida como algo natural. En nuestro caso, 37 años después de aquellos acuerdos, una nueva generación de vascos y vascas quiere alcanzar un nuevo pacto que sea más inclusivo que el anterior, más transversal entre las diferentes identidades nacionales y que ponga en valor los aciertos pero también los errores del tiempo pasado.

Los próximos cuatro años debemos atender esa necesidad ciudadana y política de renovar nuestros acuerdos de convivencia que viene auspiciada no sólo por un relevo generacional, sino que lo hace acuciada por las transformaciones sociales, económicas e institucionales de los últimos años. Se ha abierto un tiempo político muy diferente al de 1979 y necesitamos un acuerdo que dé respuesta a nuevos retos. Un nuevo tiempo que está caracterizado por: la demanda de incorporarse a los acuerdos de una sensibilidad política que se quedó al margen en 1979; el cierre del ciclo de violencia de motivación política; un contexto de necesidad de regeneración institucional; y una crisis económica que ha precarizadolas bases materiales de la mayoría de la ciudadanía.

Por lo tanto, abrir este debate, pasa necesariamente por no circunscribirlo a una cuestión meramente de estatus territorial, implica alcanzar una serie de acuerdos mucho más amplios en materia social e institucional. Sobre todo porque negar estas otras dimensiones como pretenden algunos partidos gobernantes, no significa no abordarlos, simplemente significa reservarse para sí mismos la resolución implícita de ellos imponiendo una determinada arquitectura institucional y modelo de construcción social.

Volviendo a los términos más clásicos en los que se ha venido dando el debate sobre modelo territorial y gestión de la pluralidad, creemos necesario aclarar algunos de los términos en los que se da el mismo. Una de las consecuencias de la violencia de motivación política fue la imposición de un contexto de falta de libertad y frentismo que configuró alineaciones estrechas –cuando no interesadas– entre identidad o sentimiento nacional, preferencia de estatus territorial y opción política votada. Durante no poco tiempo se identificó que algunas fuerzas representaban en exclusiva determinadas preferencias de estatus o que manifestar preferencia por un estatus concreto implicaba necesariamente una determinada identidad nacional o incluso que identificarse en lo nacional en un cierto sentido llevaba a votar necesariamente algunas opciones políticas. Recientemente, la irrupción de Podemos Euskadi –una fuerza plural y diversa en su composición– en un escenario político como el vasco que permanecía sin cambios relevantes durante mucho tiempo, es el más claro ejemplo de que el ciclo final de la violencia ha dejado caducos estos planteamientos.

Este solapamiento de elementos ha devenido en una confusión de lo que son diferentes cuestiones a las que debemos dar respuesta de forma separada aunque sin perder de vista su interrelación: la convivencia entre personas que pensamos y sentimos de formas diversas, mecanismos democráticos para que todos los proyectos tengan cauces legales para ser llevados a cabo y propuestas concretas de estatus territorial que sean capaces de generar la adhesión de una amplia mayoría.

Algunos de los principales ejes que desde Elkarrekin Podemos proponemos para pensar y acordar ese nuevo pacto social y de convivencia entre vascos y vascas:

Eje I: Voluntad inequívoca de convivir y respeto a los derechos humanos.

Eje II: Capacidad para decidir. Un acuerdo de claridad.

Eje III: Un nuevo estatus territorial.

Eje IV: El blindaje de los derechos sociales.

Eje V: Una nueva arquitectura institucional.

Eje VI: Un nuevo concepto de ciudadanía para la gobernanza.

Eje VII: Un nuevo modelo económico que cree oportunidades y sea sostenible.

Eje VIII: El euskera como patrimonio cultural compartido por todos los vascos.

EJE IX: La cuestión de Navarra.

EJE X: La solidaridad intraterritorial y extraterritorial.

 

 
 
 
 

Borrador de la Ponencia de Autogobierno, actualmente en proceso de debate previo a su presentación en el parlamento vasco.