GESTIÓN DE CONFLICTOS

Programa de Elkarrekin Podemos (descargar)

Nuestra sociedad ha vivido durante décadas con demasiada naturalidad el hecho de recurrir a la violencia como medio para alcanzar supuestos objetivos políticos. La violencia de ETA y de otros grupos terroristas (GAL, BVA...) no ha tenido ninguna justificación y cuenta con nuestro rechazo y condena radical. Su origen sólo está en decisiones éticamente inaceptables y estrategias erróneas. Sus únicos y trágicos logros han sido el terrible sufrimiento y dolor de las víctimas -que merece toda nuestra solidaridad- así como una convivencia social rota y la limitación de la libertad de amplios sectores sociales.

Desde 1978, algunas actuaciones del Estado en su legítima labor frente al terrorismo han sobrepasado en no pocas ocasiones los límites de los derechos humanos. Han existido casos de torturas y actuaciones ilícitas de miembros de las fuerzas de seguridad en el ejercicio de sus funciones que son totalmente condenables, con el agravante de provenir de las propias estructuras del estado que deben velar por su erradicación. Las víctimas de estos delitos merecen, así mismo, no solo toda nuestra solidaridad, sino el reconocimiento y el ejercicio de sus derechos a la verdad, la justicia y la reparación. Con carácter previo a 1978 también se dieron graves violaciones de derechos humanos por parte de la dictadura franquista que precisan de un tratamiento propio.

La sociedad vasca es una sociedad muy dinámica, plural y diversa. Desde esta perspectiva, debemos considerar la existencia de conflictos como algo natural y consustancial. Representan visiones o estrategias ante cuestiones de diferente naturaleza. Estos conflictos no se deben negar ni ocultar, al contrario, deben ser abordados desde estrategias participativas y creativas con el objetivo de llegar, en todo momento, a los mayores consensos posibles. A veces se resuelven y a veces solo se gestionan, pero, en ambos casos, siempre única y exclusivamente, a través de medios pacíficos y democráticos.

Uno de estos conflictos es el identitario y territorial. La sociedad vasca es rica en posiciones al respecto y esta pluralidad forma parte de nuestra propia idiosincrasia. Nadie debe renunciar a sus ideas siempre que sean respetuosas con los derechos humanos y sean defendidas por medios pacíficos y democráticos. En Elkarrekin Podemos defendemos que cualquier proyecto político pueda ser planteado y desarrollado dentro del contexto democrático. Su única limitación y viabilidad debe ser la adhesión social que logren en cada momento.

Desgraciadamente también sigue persistiendo un conflicto ético que proviene de la justificación y, en algunos casos, apoyo explícito que se ha dado al ejercicio de la violencia. El cese definitivo de la violencia de ETA fue una muy buena y deseada noticia que abrió un nuevo horizonte esperanzador. A ETA sólo le queda desaparecer de forma definitiva. Quienes le apoyaron o justificaron deben finalizar el tránsito hacia la asunción plena de los derechos humanos y los principios democráticos desde una lectura crítica del pasado.

En estos momentos, el desarme necesario de ETA, por cuestiones de seguridad ciudadana, no puede convertirse en una muestra pública de aquello que queremos desechar: las armas y lo que significan de imposición violenta y generadoras de víctimas. Incluso es más importante afrontar un desarme global de estrategias y actitudes pasadas que han condicionado la forma de hacer política y de abordar reivindicaciones sociales.