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Podemos Madrid: al cielo o al suelo

JUAN CARLOS MONEDERO
Politólogo

Nacer con fuerza pero mantener el impulso
Los comienzos fulgurantes siempre tienen una crisis de crecimiento. Lo importante no es ganar los primeros partidos o golear a los gigantes en algunas confrontaciones. La grandeza está en, después de un arranque mágico, mirar a largo plazo y disponerse a ganar una liga que será igualmente larga. Gobernar en el ayuntamiento de Madrid, de Barcelona, de Santiago, de A Coruña, de Zaragoza, de Cádiz, tener cinco millones de votos y haber sacado 71 diputados forma parte de esa llamarada. Solventar la crisis de Madrid puede ser la piedra de toque de lo que vaya a pasar con Podemos en las elecciones municipales y autonómicas de 2019 y las generales de 2020.

Pasar de amigos a compañeros
Lo que en Podemos fue inicialmente de gran ayuda –un partido fundado por personas muy próximas en un Departamento universitario- luego se convirtió también en un problema. Lo dice Shakespeare en su Julio César: si conoces a un individuo tanto en su cotidianeidad, te resulta más complicado entender después sus nuevas funciones. Es verdad que la amistad dificulta entender el papel de los órganos porque siempre tienes la tentación de hablarlo personalmente. Eso es un problema en Podemos. Esto se solventa engrasando la organización. Que los órganos sirvan. Tienen que hablar menos las personas y hablar más los órganos.

Aceptar las decisiones del partido o marcharte

En un partido hay un Secretario General, que es quien gana los procesos internos. Y hay una Ejecutiva, que lleva el día a día. Y una Asamblea, que es el órgano máximo. Eso hay que respetarlo. En nombre de la amistad no valen las ambiciones personales ni hacer valer ningún privilegio más allá de los órganos. Cinco millones de votos tienen que ver con un proyecto político, no con voluntades particulares. Por eso es esencial la democracia interna en las organizaciones. Y cuando no se respeta, se sitúa uno fuera del partido. Aunque te apoyen los medios enemigos de tu organización en tu camino al margen de tu partido (aunque reclames además los recursos del partido). Además, no es verdad que te quieran. Te usan para hacer daño al partido. Y lo honesto es no dejarte utilizar.

Donde menos te lo esperas, salta la liebre

Decía Gramsci: ataca al adversario intelectualmente en donde sea más fuerte, y golpéalo políticamente en donde sea más débil. Nunca ha estado tan frágil el PP en Madrid como con el Mastergate. Es paradójico, pero es así.
El PP ha reventado quizá las más relevantes instituciones madrileñas: hundieron y se robaron la Caja de Ahorros y Monte de Piedad (Bankia). Han puesto en un brete el agua de Madrid en el Canal de Isabel II. Han asestado un golpe brutal a la sanidad pública privatizándola, endeudando a la comunidad y sin aumentar el número de camas. Y han demostrado su herencia nacional-católica reduciendo el número de profesores en la pública y apoyando a la enseñanza privatizada (con espectáculos como el cobro de Granados de un millón de euros por colegio concertado). Sin embargo, lo que más ha indignado a la ciudadanía ha sido la corrupción vinculada al falso máster de Cifuentes y al Máster regalado de Pablo Casado. Porque las familias entienden el esfuerzo que significa pagar una carrera y el endeudamiento que les implicó pagar un máster a sus hijos. De hecho, lo entienden mejor los padres que los hijos. Esta crisis beneficia a los de Rivera. Como son muy parecidos -salvo porque Ciudadanos nunca ha gobernado-, el trasvase de votos del PP a Ciudadanos está servido.
Frente a la picaresca inmunda de Cifuentes y Casado, la figura de Ángel Gabilondo, un hombre gris y aburrido al que no se le conocen grandes ideas (aunque haya leído mejor a Kant que otros políticos), creció de manera no menos paradójica. La moción de censura presentada por Podemos que no quiso apoyar cuando el caso Lezo, resucitó de la mano de asesores que le dijeron al profesor: si el marco político se convierte en que el PP es un partido que se ha robado una universidad pública, un Rector “Bolonia”, aburrido, recto y serio, convencional, burocrático y previsible es un regalo del cielo. Y un partido que no contaba, el PSOE, volvía a contar, al tiempo que Ciudadanos emergía como el recambio del PP. Queda mucho tiempo, pero ahora mismo ese marco, aunque sacrifica las grandes corrupciones del PP para quedarse con una más pequeña, es poderoso.

Un espectáculo interno bochornoso

Hubo gente en Podemos que, en este marco de repunte del PSOE y Ciudadanos, se puso nerviosa. De pronto nos encontramos, otra vez y para bochorno generalizado, con una nueva edición de aquello que se llamó Jaque Pastor, es decir, gente de Podemos que desobedecía a las bases, que despreciaba el resultado de las primarias y Vistalegre y que, apoyada por algunos medios de comunicación (alguno incluso progresista), estaba dispuesta a dar un golpe palaciego contra la dirección de Podemos. Más allá de que esto nos obliga a todos los que tenemos algo que ver con Podemos a pedir disculpas, este Mate Pastor 2, como lo ha llamado Enric Juliana, marca un punto de inflexión en Podemos: o sale de esta segunda crisis con las cosas claras o las inscritas y los inscritos no van a estar dispuestas a seguir dando la cara.
Carolina Bescansa desencontró su rumbo desde, al menos, Vistalegre 2. Es probable que incluso antes. Como experta electoral debiera haber previsto que lo que decían las encuestas en las elecciones generales de junio de 2016 sobre el sorpasso no era cierto. Eso determinó una campaña electoral errónea, donde Podemos perdió un millón de votos. La autocrítica brilló por su ausencia. En Vistalegre 2 quiso jugar una baza personal que las bases no acompañaron, lo que le llevó a buscar espacios públicos aun a costa de hacer daño al partido (los medios siempre te van a dar una enorme cancha cuando alguien relevante de Podemos dice que el partido se equivoca en cualquier cosa, sea la plurinacionalidad, la prisión permanente revisable o cualquier otro asunto).

El último disparate, con maneras de sainete, ha sido autofiltrar en su canal de Telegram un documento. En él se planteaban unos acuerdos con Íñigo Errejón para tumbar a Pablo Iglesias, repartiéndose el partido, puestos, recursos y, por supuesto, traicionando a las bases de Podemos que decidieron en Vistalegre el rumbo de la organización. Inaudito. En ese documento, primaban los intereses personales por encima de los del conjunto de la organización. Descubiertas sus intenciones por la torpeza de guardar el documento en su canal público, cometió además el error imperdonable de mentir, echando las culpas a un inexistente equipo y diciendo que no lo había mandado desde su teléfono personal, cosa que obligó a los medios a demostrar que estaba faltando a la verdad. Despreciar a las bases y mentir van contra los documentos éticos de Podemos. El Congreso pierde a una mala política y la Universidad gana una buena profesora.

Las listas Macron solo son buenas para el bipartidismo

Antes de la autofiltración, Bescansa se había reunido durante un par de horas con Íñigo Errejón en su despacho del Parlamento. De no tener nada que ver con ese delirio, su obligación al salir de esa reunión debiera haber sido comunicar esa locura a los órganos del partido. Cosa que no hizo y que tiene muy enfadadas a las bases de Podemos. Porque llueve sobre mojado. Sin embargo, la responsabilidad obligaba a encontrar una solución. Pablo Iglesias recibió un encargo en Vistalegre: cuidar del partido. Ante el escándalo, reunió a las partes, las escuchó y zanjó la discusión sobre la candidatura de Errejón a la Presidencia de la Comunidad de Madrid. Iglesias ha entendido que Errejón es un buen candidato de Podemos a la Comunidad. Cosa que comparto siempre que no se parezca excesivamente a Gabilondo (¿por qué te van a votar a ti si no quedan claras las diferencias?  ¿No es evidente que el PSOE no tiene proyecto, lo que se demuestra en su desesperado intento de buscar candidatos a la alcaldía fuera de su partido? ¿No debe Podemos recordar las cosas que le llevaron a nacer como partido? ¿Cómo que Podemos no quiere molestar a los de arriba?). La candidatura de Errejón en Madrid no será en los términos personalistas que defendían algunos medios y que buscaban una suerte de Lista Macron progresista. Al contrario, vuelve a recuperar el espíritu 15M. Es una lista con voluntad de ganar que recoge el mandato de las bases. Esto es esencial porque es lo que permite a las bases entenderla como una lista que representa la existencia de Podemos como la fuerza del cambio en Madrid y en España. 

Escribía recientemente Owen Jones que las Listas Macron tienen tres problemas: por un lado, el exceso de márketing quita firmeza contra los grandes retos (lo que no quieres confrontar porque no es un “marco ganador” nunca lo vas a poner en tu agenda de gobierno). En segundo lugar, al no ir al fondo del problema, corres muchos riesgos de que la solución se deslice hacia el  statu quo. En el caso de Macron, bajar impuestos a los ricos, subir las exigencias laborales, demonizar a los inmigrantes, plegarse a Merkel o bombardear Siria. En tercer lugar, y no menor, las listas Macron debilitan el triunfo de la izquierda y las fuerzas progresistas. De hecho, los laboristas ingleses, denuncia Jones, están intentando poner en marcha una lista de estas características que para lo único para lo que serviría sería para evitar que Corbyn ganase las elecciones. No es extraño que, en España, los medios de comunicación que no quieren que gane Podemos lleven haciendo lo posible y lo imposible para que nazca una Lista Macron –siempre presentada como una lista tecnócrata, moderna, avanzada- que pudiera romper a la formación morada. Los mismos que hacen ese elogio envenenado y falso son los que nunca han votado ni votarán a los morados. Pero hace tiempo que las bases de Podemos han visto esa intención y, además, la inteligencia ha triunfado.

Desenlace en Madrid: al cielo o al suelo

La enorme responsabilidad política de Pablo Iglesias ha contado con la generosidad y visión de Ramón Espinar, con la inteligencia de Íñigo Errejón y la lealtad y consciencia de las bases de Podemos para zanjar definitivamente esta inoportuna crisis. Iglesias ha escuchado a Errejón y ha dicho que confía en él como candidato a la Presidencia de la Comunidad de Madrid (en un escenario donde ha quedado claro que Podemos tiene que hacer un esfuerzo por incrementar la presencia de las mujeres). Esta crisis se ha solventado atendiendo al interés de todas las partes: de Errejón, que quiere hacer una campaña con autonomía y tener su propio equipo, y del conjunto de la organización, que no aceptaba una “superbaronía con poderes plenipotenciarios” y que quiere que Podemos en la Comunidad de Madrid sea una pieza fundamental del cambio en 2019 y 2020.

El desenlace de la candidatura de Podemos en la Comunidad de Madrid a favor de Errejón ha dejado con el pie cambiado a los Anticapitalistas, que esperaban poder afianzar su presencia pese al escaso apoyo que han recibido en los procesos de primarias. La portavoz Lorena Ruiz-Huerta anunció en televisión que se salía del proyecto, cosa que sería un error. Podemos tiene que armar un Frente Amplio y hacen falta todos. De lo contrario, seguirá gobernando la derecha. Es verdad que no es fácil, porque cuando gobernar no es una prioridad para una formación política (IA prima la pureza de su ideología), su capacidad de entorpecer la tarea de gobierno es muy alta. Los Anticapitalistas debieran también pensar que la última vez que se presentaron en solitario sacaron en toda España 23.000 votos, mientras que ahora son quizá el grupo trotskista con mayor presencia institucional del mundo. Esa responsabilidad quizá les haga cambiar de opinión.

La última palabra, como no podía ser de otra manera, la tienen las bases, que son las que van a decidir el orden de la lista de Podemos en la Comunidad de Madrid. Podemos está inventando nuevas formas de hacer política heredadas del 15M. Ya no son las cúpulas quienes deciden en una reunión secreta quién se presenta y quién no. Es el momento de la democracia interna. En las listas van a ser las inscritas y los inscritos quienes indentifiquen lo que significa nueva política y lo que está lastrado por una biografía institucional demasiado densa (es lo que, creo, pasa con  Tania Sánchez). Creo que si se acierta, Podemos podrá decir “De Madrid al cielo”, porque hay cientos de miles de madrileñas y madrileños esperando una fuerza política capaz, honesta, consciente y valiente que ponga fin a un cuarto de siglo de saqueo del PP.

Los procesos de primarias son procesos de confrontación de proyectos. No hay que tenerles miedo (recordemos la lucha entre Bernie Sanders y Hillary Clinton en las primarias demócratas). Lo relevante es que, una vez que las bases decidan, el partido se ponga, como una sola mujer y un solo hombre, manos a la obra. Es en las primarias donde tienen que emerger las diferencias, las miradas, las heterogénas tácticas y las desiguales estrategias. Lo honesto es hacerlo a la luz, para que pueda debatirse. Claro que hay proyectos diferentes en Podemos. Pero todos comparten la importancia del nuevo ciclo, la herencia del 15M, el fin de las políticas de austeridad, la urgencia medioambiental, la revolución feminista, el reto migratorio, la creación de empleo digno, la necesidad de sumar lucha institucional y lucha social. Si Podemos es capaz de hacer de este debate en Madrid un proceso virtuoso quedarán sentadas las bases para que 2019 y 2020 sean los años del cambio en España porque Podemos habrá consolidado su condición de partido-movimiento en nuestro país.

(Artículo publicado en el diario Público el 22 de abril de 2018)

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