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Podemos: el fantasma de las navidades pasadas.

Podemos nunca ha sido tan ilusionante como cuando no se ponía límites. Ha sido más emocionante cuanto mejor ha entendido que la gestión de la incertidumbre, el miedo y la esperanza se da mirando hacia fuera, mirando hacia la gente.

EDUARDO MAURA - HUFFINGTON POST
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Basta charlar un rato con cualquier persona (militante, simpatizante, afín, familiar, amiga, amigo, todas o ninguna de estas cosas a la vez) para darse cuenta de que estas Navidades le han sentado mal a Podemos. El debate que estamos manteniendo no es enriquecedor y la sensación general es de malestar. Se escuchan palabras como "unidad", pero la música de fondo es otra. Se han acumulado dos procesos internos particularmente ásperos, primero en la Comunidad de Madrid y después de cara a Vistalegre 2; los medios de comunicación se han convertido en un factor decisivo a la hora de tomar decisiones internas. Esto implica necesariamente que una parte de nuestra autonomía queda en manos de un tercero interesado; por último, se han puesto en marcha lógicas de señalamiento de compañeras y compañeros con nombres y apellidos, es decir, de personas que trabajan duro en la organización y sin las cuales hoy no estaríamos donde estamos. El lanzamiento de una campaña en redes con el hashtag #IñigoAsíNo o el uso de expresiones como "toque de atención" no tienen precedentes en Podemos. Pablo Iglesias ha acertado al no participar de dichas lógicas, pero es innegable que sí se han sumado y participan de ellas personas destacadas de su entorno, lo cual ha generado no poca perplejidad en amplios sectores de los militantes y simpatizantes. Si hacemos memoria, la Navidad nunca ha sido un remanso de paz para Podemos. En 2014, diciembre estuvo marcado [...]